A orillas del Paraná, tres niñas morenas juegan a escupirle a la luna. No piden monedas, piden ojo por ojo. Se revuelcan al lado de la fogata de tres adultos. Se golpean cuerpo a cuerpo a cuerpo. Se manosean con ademanes sexuales, como si fueran un museo del daño. Una mujer espantapájaros les dice: -Volá, volá, volá de acá. Las tres nenas se ríen con picardía, saltan a la correntada como si tuvieran alas secretas y caen al agua. Pero el río no las devuelve a la superficie. Se las lleva como si fuera un hombre, se las queda como si fuera un padre. A ninguna de ellas transforma en flor del Irupé.