
Aire fresco
Reseña del libro Actualidad del trauma, Grama ediciones, de Germán García
“Si alguien halla en una página mía algo que yo no he querido poner, está bien“Jorge Luis Borges
Hace ya varios años que en el calor del mes de enero, desde el Centro Descartes, corre una brisa refrescante sobre distintos temas del psicoanálisis, desde los cursos breves dictados por Germán García. En el año 2004 fue el turno de un tema que ha ocupado varias páginas en la literatura psicoanalítica, despertado fuertes polémicas y debates, y ocasionado varias peleas, una de ellas famosa en los Estados Unidos. Si bien el tema tuvo su cuarto de hora 20 años atrás cuando Jeffrey Masson desde los famosos archivos Sigmund Freud hablara del asalto a la verdad, poniendo en escena una vieja disputa entre Ferenczi y Freud respecto a la veracidad del acontecimiento traumático, también es tomado por diversos autores en tiempos más recientes, como veremos enseguida.
Es conocida la expresión de Freud de noviembre de 1897 que afirmaba que ya no creía en sus histéricas, produciendo el pasaje de la teoría del trauma a la teoría de la fantasía. Masson –contracara del famoso Quesalid de Levi Strauss– presenta la tesis que, por una cuestión de cobardía y acomodaticia con la moral vienesa de entonces, Freud había decidido renunciar a darle credibilidad a la realidad del episodio traumático, y que había sido Sandor Ferenczi quien valorizara como correspondía el mismo, en su trabajo sobre la confusión de lenguas entre el adulto y el niño. Y que esa había sido la verdadera causa de la pelea entre Ferenczi y el movimiento psicoanalítico. Tales afirmaciones presentan el defecto de lectura metonímica, donde se toma la parte por el todo. Para Freud no estaba definido el tema, se puede leer en una de sus lecciones de 1917, –lecciones y época evocadas en las charlas que nos ocupan– en la que expresa que hay un nuevo dato asombroso en sus investigaciones: que los sucesos sexuales infantiles no son siempre verdaderos, y a veces contradicen la verdad histórica, no obstante, dirá que resulta difícil orientarse en esta complicada situación. Ya que si no creemos en lo que nos dice, el paciente dejará de hablar, pues dirá que no damos valor a lo imaginario y si creemos todo lo que nos cuenta, podría creernos incautos de cualquier relato. No está claro será una de sus últimas afirmaciones en otro sitio.
Vale recordar que si la actitud de Masson dejó algunos beneficios para los investigadores, como la publicación de la correspondencia completa de Freud con Fliess, también dio lugar, entre otros, al movimiento de memoria recuperada que tantos estragos ha causado en los Estados Unidos. Allí también se han podido observar los problemas de la intromisión del psicoanálisis en la justicia en dicho país, inconvenientes que han sido destacados en el libro que nos ocupa. El tema de la veracidad del trauma, el status del mismo, ha sido tratado entre otros por J. Forrester por un lado, y en cuanto al deslizamiento de dicho episodio hacia lo que se conoce como abuso infantil, y la constitución de la misma en una clase interactiva, hay que considerar lo desarrollado por Ian Hacking –¿La construcción social de qué?– quien ha mostrado la imposibilidad de que Freud ubicara dicho episodio en una categoría inexistente en su época (como tal surge en el año 1961 en un trabajo de la American Medical Association), señalando al mismo tiempo que las tímidas defensas de la posición de Freud pasan por alto el odio hacia él mismo: que nunca se tomara en serio la agresión paterna generalizada, que exigía la intervención del Estado. Lo cual merecería una discusión de otra naturaleza. También Richard Webster dedica un capítulo al tema, en el libro mencionado por Germán García, Por qué Freud estaba equivocado; y otro a los problemas que se han generado por el mencionado movimiento de memoria recuperada.
Pero no se trata de comentar las diversas posiciones que existen respecto al tema, sólo ubicar la actualidad del mismo, y la afirmación antes citada de Freud en cuanto a la dificultad de orientación, muestra lo atinado del curso sobre la actualidad del trauma que dictara Germán García. El que por otra parte no toma los caminos conocidos para desarrollar el tema sino que introduce nuevos aires, sacándolo de la falsa antinomia de verdad / falsedad del trauma, para ubicarlo en su punto justo: la contingencia de un encuentro. A diferencia de quienes piensan en la violencia del acontecimiento, Germán García destacará el factor sorpresa como necesario para pensar el trauma en psicoanálisis. Para ello, en su primer clase dedicada a las descripciones de Freud, luego de la mencionada contingencia del encuentro, afirmará que se trata de la inquietante familiaridad de ese encuentro mostrando una nueva versión en la traducción del concepto unheimlich de Freud, donde entre lo siniestro de López Ballesteros y lo ominoso de Etcheverry, para entender qué es lo que inquieta será necesario considerar la familiaridad antes que la extrañeza.
Si el trauma implica una herida, habrá que tener en cuenta las diferencias que se van estableciendo entre el yo ideal e ideal del yo desarrolladas por Freud en las conferencias de 1932 donde encontramos un antecedente del concepto de extimidad de Lacan, mencionado por Freud como el enemigo exterior / interior. En relación con la actualidad no deja de destacar la existencia de dos momentos del trauma: la histeria de 1897 y la guerra que se desarrollaba durante 1917. O sea que, cuando Freud está comentando el tema, es algo de demasiada actualidad, si consideramos que tuvo familiares allí implicados.
Si a las descripciones de Freud le corresponden los temas señalados, en “las posiciones de Lacan”, la segunda de las cuatro clases, comienza destacando el peso de los muertos sobre los vivos con referencias al superyó freudiano y el 18 brumario de Carlos Marx. Lo que habla del peso del romanticismo “la acción sobre nosotros de las cosas ausentes, su inquietante extrañeza”. Con su habitual multiplicidad de referencias recurre al texto kantiano sobre la ilustración, de la relación entre pensamiento y saber, y muestra Germán García que si por un lado Kant ubica al sujeto como culpable, por no pensar por sí mismo, Lacan establecerá la separación entre pensar y saber. Pues se trata del “efecto de un saber que se articula en cada uno y, sin embargo, pese a eso, no sabe nada de sí mismo”. Y frente a aquel peso del romanticismo trae la descripción que realiza Jacques-Alain Miller de la posición de los ilustrados en que los muertos entierran a los muertos, donde el positivismo y el psicoanálisis se semejan en el modo de su extraña configuración.
De igual manera, dentro de esas descripciones destacará que Jacques Lacan desarrolla el trauma en relación con los conceptos de tyche yautomaton, pero vinculado a un hecho de lenguaje más que a un episodio determinado. Lo que no significa, como se ha destacado antes, que no haya episodio. Lo que conduce a pensar que no hay que engañarse con la simplicidad, aunque sea el mismo Germán García quien discute con un interlocutor presente en el curso, quien le dice que las cosas son un poco más complejas referidas a la reparación en M. Klein, lo que suscita la simpática respuesta que en el ámbito del psicoanálisis es un ardid, la complejidad de un asunto, para desautorizar la explicación, a diferencia de la ciencia donde la simplicidad, como es sabido desde Descartes, va a favor de ella. ¿Cuáles serían, a pesar de esta última afirmación, los problemas de la simplicidad? Que se trate de un hecho de lenguaje no implica caer en la exaltación del mismo, por ello dirá luego que es necesario establecer que “no se trata de la lógica interna de un lenguaje sino de un cuerpo afectado por ese lenguaje”, eso es lo que Lacan llamará lo real. Será la posición que adopta Jacques-Alain Miller señala García, cuando expresa lo real como trauma que no es otra cosa que “la identificación del trauma con una instancia del sujeto”.
La discusión sobre el tema de la reparación evoca un curso anterior, también realizado en enero, donde se invitaba a realizar una investigación que estudiara el tema de amor, odio y reparación en M. Klein, comparándolo con lo afirmado por Freud y luego transformado por Lacan, en amor, odio, ignorancia. Se podría hacer un artículo con eso, proponía García en El curso de las pasiones de 1999. Para estar a tono, como se dice, actualizamos la invitación ya que no hemos leído –tampoco realizado– el trabajo, pero este sacaría el tema de la alusión a la mayor complejidad o simplicidad de las cosas.
La segunda parte del libro pondrá el énfasis en la actualidad, a través del recorrido de algunas sugerencias de Eric Laurent, presentando la tesis del mismo, a partir de la generalización del trauma, ubicado como disturbio desde los planteos del DSM IV, sin considerar la causa. Ello conduce a retomar algunos puntos planteados por Freud entre el sujeto, el trauma y la fantasía que lleva a desechar el fantasma en tanto traumático como “interactivo”, ya que habría que introducir la idea de un sujeto dividido, es decir, interactivo consigo mismo. La idea de trauma generalizado conlleva la temática del individuo en tanto aparece como algo externo, que entra en una interacción no favorable para ese individuo, a diferencia de lo que ocurre cuando se piensa en la determinación fantasmática, que deja una hiancia en la historia del sujeto.
Encontramos referencia al tema de la amistad en Aristóteles, pues lo desarrollado por Laurent se vincula con los problemas planteados entre los soldados que han participado de guerras, y allí se ha podido comprobar el valor de la camaradería para estar menos expuestos al trauma. Algo que Germán García relaciona con los episodios vividos en Argentina por la Guerra de Malvinas, y la manera en que las diversas historias contadas acerca de ella, destacan lo traumático de la relación con su jefe, el sentimiento de abandono, la falta de coordinación, etc.; y con diversos estudios actuales que señalan el valor de la amistad y la transformación de la misma vinculada con las relaciones familiares.
Otro punto en relación con la actualidad es lo tratado por Paul-Laurent Assoun, quien presenta al trauma como correlativo del deber de la salud, bajo la categoría del perjuicio. Destacará tres formas caracterizadas por Assoun: la exclusión, la precariedad y el deterioro. Formas que Germán García vincula con el desamparo primario de Freud. Damos a partir de ello con la revolución social del goce, temas desarrollados por Freud en trabajos de 1908 y 1913 y que, según Assoun, “se anuncia en la economía del perjuicio” que vuelve al neurótico testigo del síntoma social. Los individuos perjudicados serán usados para producir el goce social, y el perjuicio será creador de vínculos. Se está refiriendo a todas esas nuevas formas de asociaciones creadas con el fin de ayudar a personas que han sufrido diversos tipos de perjuicios, desde el trauma como víctimas, pasando por la anomia sexual, a la cultural y económica. Y en el caso de los médicos o terapeutas, se puede tasar el perjuicio ocasionado, tasación a cargo de un especialista.
Así como Germán García afirma que la intervención de Eric Laurent anticipa lo que luego se presenta en la Ley de Psicoterapia, podemos decir que los puntos desarrollados en este libro, entre ellos el tema de la causa, también anticipan temas que permitirían entender la vida cotidiana en Argentina. Entre el disturbio y el perjuicio, esos nuevos modos de considerar el trauma, como algo que siempre viene de afuera, donde el sujeto no es interactivo, la actualidad argentina ofrece, una vez más, variados ejemplos para su consideración, desde los famosos cortes de calle –que tanto preocupan a muchos medios- que presentan un origen, y que su extensión más allá del mismo lleva a esos mismos medios a consideraciones con lo que ocurre en el llamado mundo desarrollado. Los periodistas “cuentan” que hay ciudadanos para los cuales el disturbio se torna traumático, al punto de no soportar padecer el perjuicio de quienes han sido perjudicados por la exclusión, la precariedad y el deterioro. A ellos se les puede ofrecer la cuasi-ironía de Assoun: una “compañía de seguros traumática” frente a la “cooperativa de los perjudicados” y… la lectura del excelente libro Actualidad del trauma para refrescar sus pensamientos con nuevos vientos.

