
De Clara Casalegno para Patricia Fochi
Querida Patricia:
Hace un tiempo me llegó una carta de Juan Gonella, quien recibiera la invitación a comenzar un carteo a propósito de preguntas y lecturas en relación a nuestra práctica. Allí me comparte inquietudes respecto al texto de Octave Mannoni, “El análisis original (continuaciones)”, trabajado en aquel encuentro en el que fui invitada a realizar la apertura y en el que estuvimos entre los participantes él, vos y yo. Ese tema, ese texto, me remite asimismo a ciertas conversaciones que hemos compartido. La invitación es a no corresponder o, más bien, a hacerlo en otro lado, a responder en otro lugar. Tenemos una cercanía con los desfases –como con el destiempo– y por esa razón me entusiasmó la invitación y dejé que la transferencia hiciera secuencia. Surgió así tu nombre.
Lo inquietante del texto, lo que lo vuelve inagotable, ronda por el modo de hablar de los comienzos, lo necesariamente ficcional que no convierte la formulación en fabulación. Lo que Mannoni llama escena original, elaborada sobre una gran lectura de la correspondencia de Freud con Fliess, permite una historia de la transferencia como algo que decir ante lo que no puede decirse: una teoría acabada de la misma. Parece entonces que las teorías en relación a la transferencia serán imperfectas o no serán y que su historia posible es ficcional, desplegando desde allí sus efectos. Dicha escena dice, de entrada, que la transferencia cambia el orden de las cosas.
La complicación de lectura viene por el carácter mítico de los orígenes o por la repetición de aquella escena, terreno del despliegue en relación, justamente, a los comienzos. Se arma un bucle plagado de baches y lapsos que opacan necesariamente la formulación que no puede más que habitar las zonas de lo conjetural. Se trata de palabras, que nunca pierden su carácter ensalmador y a las que les es inherente una estructura de ficción que no descuenta los pasajes de lo real, ya que leemos desde las consecuencias bajo la novedad que solo puede traer la repetición, en un tiempo otro. ¿Esto no nos correría ya de la pretendida corroboración en la disputa de lo verdadero y lo falso? ¿De qué hablamos entonces cuando hablamos de realidad psíquica?
Es evidentemente complicada la posición. Correrse de la pretensión de causa lineal y evitar un relativismo en el que todo podría ser. Quizás dicha incomodidad inherente a la lectura de la escena original sea una metáfora, ya que sostener la tensión de la distorsión tópica y lo atemporal contempla lo fundamental en nuestro trabajo. Que el lugar del origen esté roto y resulte incierto e incierto en la temporalidad cronológica, ¿permite que pueda ser cualquiera?
Cuando leía la carta de Gonella me pasó una de esas cosas que conmueven, pensaba en lo que luego él termina citando: el gran artículo de Jorge Jinkis sobre el anacronismo. ¿Será el anacronismo la posibilidad de no disolver la relación entre la escena original y la repetición, para reconocer lo sustraído y lo novedoso en dicho movimiento?
En la escena original que traza Mannoni hay un elemento que me interesa comentarte, quizás te genere alguna reflexión para ese otro lugar en el que puede continuar esta deriva epistolar. Allí plantea que, en la transferencia, no hay solo dos y, respecto a lo acontecido en 1895 en relación a Emma (Irma), se introduce una terceridad que conmueve el supuesto en torno al saber y los términos cambian. Un movimiento que se manifiesta donde algo se produce para ser dejado. El Proyecto está armado para pasar desde ahí a los términos de La interpretación de los sueños, pero no sin el Proyecto ya que no podríamos decir que el contenido de la correspondencia con Fliess sea en algún momento, el que sea, pasado para Freud. Pero Mannoni habla de ese tercero también en relación al análisis de control. Si bien el análisis no soporta terceros, una relación transferencial está plagada de figuraciones… la no conclusiva transferencia.
¡Qué problema es el del tiempo! Pareciera que su dificultad invita a huidas disfrazadas de prejuicios de caducidad o de falsas resoluciones mediante lo retrospectivo. El quiebre de la linealidad cronológica sobre el que versa nuestra práctica contempla el mito en el origen, como comienzo vacío desde el que se despliegan operaciones. Entonces, sin un comienzo sujeto a narraciones de estructura ficcional, ¿es posible la transferencia, que, como nos dice Lacan, es una relación ligada al tiempo y su manejo? Lo supuestamente primario del origen exige la serie. El tiempo será la clave, y quizás estamos condenados a intentar lo posible en su inagotable insistencia. Recuerdo aquí a nuestro querido Pascal Quignard, “Somos brotes de una anterioridad invisible”.
Patricia, estas líneas van envueltas de un agradecimiento, por la transmisión.
Tuya,
Clara.

