
LAKANT
Lacan avec Kant
Hubo un seminario que nunca hice.
Un hilo que siempre se me escapó de mis dedos nudosos. Una intriga que Raúl Sciarretta y yo tocamos un día.
¿Cuál? Que Kant podría revelar algo de Lacan.
¿Pero cómo? ¿Será posible? ¿El solterón dice algo de Lacan, después de lo que le susurró a Freud? ¿El imperativo categórico? ¿Una ética?
«Obra de tal modo que la máxima de tu acción valga como ley universal.»
Hemos abierto la Crítica de la Razón Práctica.
Lo que se opone al imperativo categórico es que ningún objeto de la experiencia nos permite formular una ley universal que sea válida para todo el mundo.
En el programa filosófico de Kant, el objeto de nuestra sensibilidad, de nuestro pathos, el objeto patológico, queda excluido. La inexistencia del objeto de amor, por ejemplo.
Kant desdeña el amor y su objeto.
El deseo sexual y su objeto. ¿Kant es un presentimiento de la no relación sexual? ¿De la partenaire ausente? ¿De Lamujer no existe?
Ética del célibe.
Después del cogito y del sujeto, el Dasein. El ente que somos nosotros mismos. Una criatura de manicomio. Sin fe, sin amor, sin dios. Una mala soledad. No es ni hombre ni mujer. No es esencialmente algo vivo. Pero comprende algo como el ser. El Dasein humano desborda o excede la relación sujeto/objeto.
Incluso la relación intencional de la fenomenología husserliana.
Kant no dio pie con bola con el Dasein humano, no lo analiza.
La metafísica es el Dasein mismo (dice Heidegger en 1929).
No hay un sujeto freudiano. Sólo un Ich. Pero la teoría de la pulsión se piensa en términos de Quelle (fuente), Drang (fuerza, empuje), Ziel (fin) y Objeckt (objeto).
El objeto pulsional es imborrable en la teoría analítica.
Es cierto: pasa de mano en mano (Klein, Winnicott, Lacan).
Como un efecto de discurso.
No olvidemos el fetiche, ese objeto que nos legó Krafft-Ebing y que la doctrina freudiana albergó como un Ersatz de la phallische Frau oder Mutter.
Lacan inventó el objeto (a). Que encuentra ―dice― en Duelo y Melancolía: es el objeto perdido y re-encontrado en sus efectos de fantasía.
En el laberinto de sus seminarios, una pincelada aquí y otra allá: resto, vacío, letra, mujer, pivot.
Siempre parcial, siempre reacio al Uno, siempre fuera del orden narcisista.
Hay, además, un objeto -φ, asunto de macho, lo que permite avanzar una diferencia sexual basada en el objeto: cuerpo de macho animado por -φ, cuerpo de mujer animado por (a).
En el objeto (a) conviene retener el objeto causa. Es el Otro del deseo, dirá Lacan en Milano.
Un paso más, todavía. ¿Cabe pensar la episteme del psicoanálisis como la ciencia del objeto (a)? ¿Un asunto de pura lógica? Porque el objeto (a) es un incorporal estoico.
No renombra el objeto pulsional freudiano, no lo elonga ni prolonga. El objeto (a) no es estrictamente pulsional.
Recordemos el adagio kantiano: «teorías sin datos son vacías, datos sin conceptos son ciegos».
En la capilla del Sainte-Anne, una noche, Lacan había situado el objeto (a) entre los dos Vx. Por lo tanto, en el campo de la castración y no en el campo del Ich.
No podríamos evitar Kant avec Sade sin perjuicios. No es un texto sobre el «fantasma», ni sobre el sadismo ni sobre la perversión. Se hace de Kant una flor sádica. O la moralidad confiesa que es Sade.
Pero el objeto «patológico» está ahí, sobre todo su trasero. El acto sodomita borra la diferencia entre los sexos.
Pero, que yo sepa, sólo Barthes anotó que los libertinos ocultan el sexo de la Mujer.
«Ocultad la vulva, señoras», dice Gernande con indignación.
En suma, un cuerpo sin parte delantera, que sólo vale por las nalgas que exhibe.
Sobre la «virtuosa» Justine cae un rayo que entra por la boca y sale por la vagina. El fuego del cielo sólo ha respetado su bello culo. Que un perverso abad sodomiza de inmediato, sin perder tiempo.
En Barcelona, el 18 y 19 de septiembre de 1999, Miller reunió a los suyos en un seminario que se publicó con el título «Lakant».
En el texto, el imperativo categórico se examina bien y se señala el desprecio de Kant por el amor (como lo más «divertido» de la Razón Práctica). Hay un poco de filosofía matemática y, por supuesto, no se omiten las célebres preguntas kantianas que Lacan recibe cuando fue televisionado. Un poco sobre la locura de Swedenborg, nada sobre el Kantbuch y siempre el mismo embrollo con la metafísica del Dasein.
Si hay un sujeto kantiano, es soltero. Pero en Barcelona, nadie tuvo ese presentimiento. Ni siquiera que en el sujeto el tiempo lo es todo.
La mitad del psicoanálisis es la relación macho/mujer y su posibilidad de «rapport». Lacan aceleró una lógica para desvitalizar los sexos y borrar el olor a zoo de los partenaires.
La otra mitad del psicoanálisis es el sino, el Zwang
[1]
, la fatalidad que promete el Unbewußt
[2]
. La pulsión de muerte es una teoría del suicidio.
En suma, una experiencia del Tiempo que el sujeto cartesiano o el sujeto del significante no pueden albergar.
¿Quién ha dicho que el psicoanálisis es una práctica modesta?
Lacan avec Kant: el mismo arte para desvanecer el cuerpo de nuestra estesia, la misma astucia para vincular lo universal con la sexualidad masculina, la misma debilidad por un cogito herido.
A Kant y a Lacan el ego cogito sum no les cae bien. Lacan, primero, lo reduce a su enunciación estricta; después, lo destripa: «o no pienso o no soy». Se trata del llamado «vel alienante».
El cogito orienta egológicamente a la filosofía. Es decir, la desorienta. Con el cogito siempre se marcha a una metafísica del sujeto. El sujeto del significante, ¿es el último?
El ego no importa, decía Heidegger.
El sum, sí.
Visto de cerca, el sujeto de Lacan es tan helado como el sujeto ético kantiano en pos del Deber sin ningún compromiso patológico, sin ningún enlace pasional.
Es cierto que el ejemplo que Kant ofrece no es muy alentador: un hombre a quien se propone una noche de amor con una dama con la condición de que, una vez terminada la velada, una horca lo espera a la salida de la habitación de los placeres.
¿Quién no dejaría de lado la proposición? ¿Y qué haría un libertino de Sade?
El sujeto lacaniano se desliza como una serpiente lógica. Sin conciencia, sin ser, sin Sí mismo, sin reflexividad. Es calvo (un par significante como toda dote).
En Kant, él/ella es un ser ético.
En Lacan, es un parlêtre (sexuado así o asá).
Pero es cierto que en Lacan hay un objeto no-patológico: el objeto (a).
¿El sujeto de la ciencia es el sujeto freudiano afectado de Unbewußt? Este sujeto clínico está animado por su dinamismo pulsional, su Zwang, su automaton y por su voluntad de No saber (represión, formación de síntoma, negación, escisión, conversión, etc.).
La ecuación de los sujetos se revela falsa.
Sin duda, el psicoanálisis es una experiencia del sujeto. Y también del tiempo. Pero no es una cuestión del acceso a la verdad, ni de un sujeto de verdad.
Si hay un terreno común en Kant, Sade y el mismo Lacan, es el Todo, el para todo (x), lo universal y la desvalorización de lo «patológico».
¡Macho de mí!
Se relega el objeto sensible. La inexistencia de la relación sexual objeta el objeto, lo despide.
Como Don Juan, de una mujer a otra, questa o quella.

